Familias

Familia Salzman

El matrimonio Salzman vivía en la manzana Nº30, vecino de los Fernández, Acosta y Ruiz Moreno, lo integraban Pedro y María junto a sus seis hijos.

Pedro se desempeñaba como Tenedor de Libros (contador) en la casa comercial de los hermanos Capurro. Era un hombre corpulento que vestía siempre de traje, corbata y sombrero de paja dura, llamado rancho.

Su esposa, Margarita Cavigioli (pariente de la familia materna de Chola Collaud de Rojas, nuestra catequista), era la partera del pueblo, profesión que había desempeñado antes que ella Doña Justa.

A María la recuerdo delgada, amable, usaba lentes pequeños con armazón metálica y vestidos largos y de colores claros. Era muy responsable de su profesión, yo diría sacrificada, pues pasaba varios días fuera de su casa atendiendo a sus pacientes. Su medio de traslado era el clásico carro de cuatro ruedas en el que siempre la venían a buscar. El pago de sus servicios era muy exiguo, a veces se materializaba con algunas aves, lechones o embutidos.

Matrimonio de una profunda fe católica, tenía varios hijos: Juan, Hermenegildo, Honorio, Víctor, Roberto y Antonio. De ellos, Juan, el mayor, se ordenó como sacerdote y fue el primer religioso de nuestro pueblo. Estuvo destinado a las islas Fillipinas como misionero y aún recuerdo las narraciones de su madre a la mía, fruto de las extensas cartas que recibía de su hijo. En las encomiendas que ella le enviaba nunca faltaba la yerba y el dulce de leche, que él le solicitaba, pues sobre todo la yerba lo acercaba imaginariamente a su pueblo.

Hermegildo, el mayor de los hijos que habían quedado en Hasenkamp, era alto, algo desgarbado y alegre, trabajaba en la usina eléctrica y su imagen se me presenta con un mameluco gris con muchas manchas de aceite. A los demás los recuerdo como alumnos de la Escuela 71.

Los esposos Salzman en los momentos libres que les dejaban sus profesiones, cultivaban el suelo produciendo una gran variedad de verduras y hortalizas.

Don Pedro descansaba en una mecedora en la galería de su casa, fumaba en pipa y leía con avidez revistas y diarios como “Caras y Caretas”, “El Hogar” y el diario “Crítica” que se intercambiaban con mi padre. Esas lecturas luego eran comentadas originando largas conversaciones que afianzaban esa linda amistad que los unía.

El destino quiso, hace algunos años, que llegara a mis manos un texto de Instrucción Cívica de su pertenencia. Lo conservo con mucho afecto.

A María la recuerdo como ejemplo de religiosidad, responsabilidad y amor al prójimo, por el cariño que volcó en todas las personas que a ella recurrían. No olvido los sabrosos “crepels” con los que nos convidaba los días domingo y a Pedro por su paciente sonrisa y ejemplo de hombre íntegro.

Cuando la firma Capurro Hermanos cerró sus puertas, Pedro, quedó sin trabajo. Tuvo que abandonar este pueblo que lo había cobijado muchos años. Yo estoy segura que el matrimonio Salzman siempre habrá recordado a Hasenkamp desde el lugar de su residencia.

Esta es una de las tantas familias que con su entrega desinteresada ayudaron en su época al progreso de nuestro pueblo y muy especialmente a María que tantas vidas trajo al mundo. A lo mejor muchos de los que están leyendo este escrito al dar a luz sus madres habrán sido recibidos por las laboriosas manos de María.

¡Gracias, y que Dios los tenga junto a él porque fueron generosos en la vida y la oración!

Texto de Lilí (Juana Evangelina Ruiz Moreno de Ziegler)

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