Personajes

Héctor Naún Schmucler

Fue un intelectual argentino de proyección internacional cuyas reflexiones fueron relevantes en numerosas áreas de las ciencias sociales y las humanidades. Como semiólogo se destacó como un teórico destacado del campo de la comunicación.

“Historia y memoria, en su significación más espontánea, tienen en común el convocar al pasado. Traen un pasado al presente y anuncian que, a su vez, este presente se hará necesariamente pasado”. Héctor Schmucler (1931-2018)

Nació en Hasenkamp, el 18 de junio de 1931, probablemente en una vivienda como la que se construían en aquella época de techo y paredes de chapa, en la esquina de Avenida del Ferrocarril y calle uno, actualmente Avenida San Martín y Presidente Perón, allí figura como primer propietario de la manzana 2, lote “a”, Ana Dupys de Schmucler, probablemente la abuela, quién adquirió el lote de 2.500 Mts.2 por un monto de 1.000 pesos y escriturado en junio de 1926, aunque estos terrenos eran escriturados al finalizar el pago del mismo por lo que su ocupación debe datar de 1912 en adelante, año en que los terrenos de la planta original de 24 manzanas se habían vendido y se proyecta la ampliación de 20 manzanas más a cargo del Agrimensor Antonio Tost el 1° de enero de 1913.

Su familia provenía de los pueblos que hoy forman parte de Ucrania, Bielorrusia y Polonia, estos judíos asquenazíes, víctimas de las intolerancias raciales y religiosas, perseguidos y expulsados de la Rusia Zarista, huyendo de los pogroms recibieron con beneplácito el proyecto del barón Mauricio de Hirsch para convertirlos en colonos agricultores en las pampas argentinas.

En Entre Ríos el barón de Hirsch, a través de su fundación “Jewish Colonizatión Associatión” compró tierras en el centro de la provincia, estableciendo colonias en el Departamento Villaguay incluso algunas cercanas a Hasenkamp, como la “Luis Oungre”, creada en 1925 y la “Leonardo Cohen”, creada en 1931, en la línea que divide los departamentos de Villaguay y La Paz, con administración en Alcaraz (comúnmente denominadas “La Gama”).

Muchos de estos colonos judíos abandonaron voluntariamente las colonias trasladándose a los centros urbanos, los jóvenes, hijos de colonos, que no lograron tierras cercanas a las de sus padres ni los recursos económicos para asentarse en las colonias fueron los primeros que se trasladaron a los pequeños centros urbanos cercanos, luego fue el llamado de las grandes ciudades, que no solo ofrecía mayores oportunidades laborales y mejoras sustantivas en el estándar de vida, sino también las posibilidades del acceso a la educación secundaria y superior.

Héctor era hijo de Carlos Schmucler y de Hipólita Kreiman, quien falleció joven por causa de la tuberculosis.  Según su nieta Abril Schmucler Iñíguez:

“Todos le decían “Toto” porque su padre, Carlos, lo nombraba en Yiddish ‘Totele’: querido mío, hijito. Además de hablar en yiddish, Carlos era el almacenero que todos los barrios del mundo deberían haber tenido. Era cariñoso, honesto y daba galletitas con salame a sus nietos que llegaban hambrientos al almacén”.

“La única foto que miro de mi bisabuelo es un río, con un asado en camino. Es alto como su hijo, aunque más robusto. Al parecer sus manos eran igual de grandes. Se habían mudado desde Hasenkamp, de la provincia de Entre Ríos, a la ciudad de Córdoba; entre otras cosas, supongo que para tratar la tuberculosis de Hipólita”.

Héctor Schmucler vivó en Hasenkamp unos pocos años, su madre enfermó de tuberculosis y por consejo médico debía buscar condiciones climáticas más apropiadas para su padecimiento, por lo cual su familia decidió trasladarse a la ciudad de Córdoba. En Hasenkamp residía y ejercía la medicina, desde 1926 el médico de origen cordobés Julio Haedo, recibido en la universidad de Córdoba quién probablemente aconsejó esa alternativa. Sus padres se instalaron en el barrio Pueyrredón de la capital cordobesa donde abrieron un almacén, su madre murió cuando él tenía seis años.

Estudió en el Colegio Nacional de Montserrat, rindió libre un año completo del bachillerato para acelerar e inscribirse en medicina, carrera que cursó hasta cuarto año donde decidió abandonar la carrera.

Héctor, al igual que su madre sufrió de tuberculosis, el único tratamiento de la época era el encierro en el hospital de Santa María de Punilla, enfermedad de la que pudo sobreponerse gracias a la aparición de los primeros antibióticos, la dieta, el sol y el aire puro.

Restablecido estudió Letras y se recibió de licenciado, en la literatura descubrió el valor de Rayuela de Julio Cortázar. Su estudio, “Rayuela: juicio a la literatura”, publicado en 1963 desencadenó un contacto frecuente y constante con Cortázar, al cual lo unió una amistad, contribuyendo la radicación de Schmucler en Francia.

Fundó y dirigió en Córdoba, la revista “Pasado y Presente”, de 1963 a 1964, junto a José María Aricó, Oscar del Barco y Samuel Kiczkowski, desde muy joven militó en el Partido comunista del cual fue expulsado, a causa de las publicaciones de esa revista donde difundió el pensamiento de Antonio Gramsci. Esta revista fue la primera en abordar el campo de estudios de la comunicación en el país.

Se instaló en París para estudiar Semiología en la École Pratique des Hautes Études bajo la dirección de Roland Barthes, entre 1965 y 1969, a su regreso al país tradujo y puso en circulación muchas de las ideas del estructuralismo francés, tradujo “Mitologías” de Roland Barthes. Su vocación de enriquecer el debate intelectual encontró espléndida concreción en la labor editorial como editor de Siglo XXI y como fundador y director de Revistas. Se había casado con Miriam Rosemberg, con la cual tuvo dos hijos, Pablo y Sergio, de la cual se separa estando en París donde conoció a la lingüista Ana María Nethol.

También se desempeñó como crítico literario destacándose en la crítica política de la cultura al calor de los convulsionados años sesenta y setenta.  A su regreso de París, creó la revista “Los Libros” entre 1969 y 1972, junto a Juan Gelman, José Aricó, Oscar Steimberg, Eliseo Verón, Beatriz Sarlo, Carlos Altamirano, Ricardo Piglia y German García. Junto a Horacio González fue parte de las Cátedras nacionales en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

En la década de 1970 fundó en Santiago de Chile la revista “Comunicación y cultura” junto a Armand Matterlart y Ariel Dorfman, ese mismo año creó la cátedra Semiología del Periodismo Escrito, primera cátedra en ese estilo en América Latina, en la Escuela Superior de Periodismo de la Universidad de la Plata y dirigió una colección en la Editorial Signos. En 1971 escribió el prólogo para el famoso libro “Para leer al Pato Donald” de Ariel Dorfman.

Uno de los principales aportes a las ciencias de la Comunicación fue la creación de la cátedra Introducción a los medios masivos de Comunicación, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, interrumpida por la dictadura militar.

Se exilió en México en 1976. Junto con otros argentinos, entre ellos, Juan Carlos Portantiero, Nicolás Casullo y José Aricó, participó en la edición de la revista “Controversia”, que alimentó el debate sobre la acción armada en Argentina, la dictadura y el exilio. Tempranamente planteó los temas que formaron parte, varios años después, de la agenda de discusión de la memoria reciente.

De la literatura y la semiología a la comunicación había un paso, comenzando la discusión cientificista y profesionalizante en el campo universitario, donde se pronunció a favor de un espacio comunicacional emancipatorio y fue parte de una generación que intentó construir un orden regional latinoamericano más justo, la pretensión de la unidad latinoamericana era difícil. La teoría crítica latinoamericana, que informó parcialmente las posiciones del bloque de países no alineados, lo tuvo como uno de sus referentes más importantes. Se nutría del pensamiento de Adorno, Benjamín y Gramsci, el estructuralismo y el marxismo.

En 1997, con ayuda de Carlos Magone publica “Memoria de la Comunicación” y en colaboración con Armand Mattelart publicó “América Latina en la encrucijada telemática” sobre las nacientes tecnología informacional que se desplegarían triunfante los años siguientes, los medios y su alianza con el imperialismo lo mantenían ocupado. La articulación entre comunicación, filosofía de la técnica y ética sería el origen de la cátedra que compartió con Patricia Terrero en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. En su actividad de crítico literario en 2011 se publicó una edición de “Los Libros” (1969-1976), en cuatro tomos con prólogo de Horacio González.

Otro gran campo temático que abordó fue el de la memoria, al calor de un compromiso político que no eludía un examen autorreflexivo riguroso, meditó profundamente sobre la condición humana, trabando una amistad fecunda con el pensamiento de Hannah Arendt. Su pensamiento sobre la violencia armada en Argentina estaba atravesado por sus propias experiencias, la desaparición de su hijo Pablo durante la dictadura y su propio exilio junto a su hijo menor en México, lo movieron a revisar doliente y crudamente las responsabilidades políticas, construyendo una idea de justicia sin revancha y de verdad. El artículo “Actualidad de los Derechos Humanos”, publicado en Controversia en 1979, da testimonio valiente de esa posición, que fuera objeto de polémicas.

Como Sociólogo y Semiólogo fue profesor de grado y posgrado además de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA) y la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), en la Universidad de Entre Ríos (UNER) y en Universidades extranjeras, Universidad Autónoma de México, Universidad de Mérida (México), Universidad del Valle (Colombia), Universidad de la República (Uruguay) y Universidad Autónoma de Barcelona (España).

Fue fundador del Seminario de Informática y Sociedad en la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, hoy a cargo de Christian Ferrer.

Dirigió en los últimos diez años de su vida, más de 30 proyectos de investigación. Ha dictado más de cuarenta cursos y seminarios en diversos países: Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, Brasil, México, Ecuador, Estados Unidos, Canadá y España.

Participó como asesor en la elaboración y reformulación de planes de estudio en las carreras de comunicación en las siguientes universidades: Universidad Nacional de Mendoza, Universidad Nacional de San Luis, Universidad Nacional de Quilmes, Universidad de la República (Uruguay), Universidad Nacional de Buenos Aires, Universidad Autónoma Metropolitana (México), Universidad Nacional de la Plata, y en la elaboración de planes de estudio de posgrado en la Universidad Nacional de Córdoba, la Universidad Nacional de Quilmes y la Universidad Nacional de Buenos Aires.

Fue Investigador Principal y miembro de la carrera del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) entre 1987 y 2001, Investigador del Instituto de Latinoamérica de Estudios Trasnacionales (ILET), en México entre 1978 y 1984, donde trabajo junto a Alcira Argumedo, Investigador del Centro de Estudios Sociales de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires de 1986 a 1989, Investigador en el Departamento de Educación y Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana de México entre 1976 y 1985, Investigador del Centro de Estudios Sociales de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires en 1974 y Coordinador de investigaciones en el Centro de Investigaciones María Saleme Burnichón de la Facultad de Filosofía y Humanidades CIFFyH (UNC) entre 1989 y 1993.

Regresó a Córdoba definitivamente en 1990, radicándose en los Altos de San Ambrosio, a 35 km de la capital provincial, una especie de retiro entre ir a la ciudad por trabajo y retirarse a la sierra a leer en una casa hecha a su gusto y medida.

Su actividad dejó de lado la enseñanza de grado y se dedicó al posgrado y la investigación. En la Universidad Nacional de Córdoba, fundó el CEA (Centro de Estudios Avanzados) y fue director del Área de Estudios sociales de la Comunicación y de la revista “Estudios” al mismo tiempo que se jubilaba del CONICET. En 2006 integró la primera Comisión Provincial de la Memoria de Córdoba, desde allí fomentó el compromiso ético y crítico con la lucha por Memoria, Verdad y Justicia.

Vivió sus últimos años sencillamente de su jubilación, renunciando a cargos y privilegios, no aceptó indemnización alguna por su exilio, porque consideraba que la política era una elección, una convicción, que asume riesgos, no se renta ni compensa, decía, tampoco por la desaparición de su hijo Pablo, pues podría caerse en la confusión de que existe alguna reparación posible para una infamia inconmensurable. Falleció a los 87 años en la ciudad de Córdoba el 19 de diciembre de 2018.

Visitó la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER (Universidad Nacional de Entre Ríos) en reiteradas ocasiones por eventos académicos y fue profesor de posgrado. Un colega docente de la UNER, Víctor Lenarduzzi, recuerda a su amigo y gran maestro:

“Al Toto le gustaba que lo invitáramos a venir a la Facu en Paraná, porque él era de Hasenkamp (creó que nació allí, o al menos se crio y vivió de chiquillo), un pueblo de Entre Ríos”.

“Un tipo encantador que, a pesar de una vida atravesada por momentos difíciles, irradiaba eso, una calma alegría. Mi recuerdo será el de una persona muy cálida, se podría charlar durante horas con él de las cosas más variadas y de todo podía pensar cosas interesantes. Porque no solo era buen orador y conferencista, también era un maestro para la conversación (que podía ir desde sus experiencias en Francia en los sesenta o el exilio en México, hasta los aromas y sabores de la comida)”.

Tal vez una de las costumbres entrerrianas que preservó fue el mate mañanero, como lo relata su nieta, residente en México fruto del exilio en aquel país, que siendo pequeña pasaba algunas temporadas en su casa de San Ambrosio:

“El día comenzaba muy temprano, cuando mi abuelo me despertaba con su voz grave, sin esperar respuesta, pero sabiendo que ya estaba en proceso de salir del sueño, se sentaba en la orilla de la cama, a la altura de los pies y me compartía de su mate.”

En 2019 el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) publicó “La memoria entre la política y la ética”, editado por Vanina Papalini, quien fuera su compañera los últimos años de su vida, y con prólogo de Hugo Vezzetti, que recopila sus escritos en torno a la memoria y la política del período 1979-2015, disperso en diferentes revistas y medios de divulgación, así como varias de sus intervenciones públicas, dando cuenta de una trayectoria marcada por preguntas en torno a la ética, el mal, las desapariciones y la memoria.

Su colega, amigo y discípulo Víctor Lenarduzzi lo despide:

“Quienes estudiamos la comunicación y la cultura estamos seguramente habitados por sus ideas inspiradas, por sus preguntas insistentes, por su lucidez anticipatoria, por los tonos y matices con los que pensaba. Todos nos quedamos con algo de él, porque era un tipo generoso y porque ahora nos hemos transformado en herederos de su legado”.

Referencias:

SCHMUCLER IÑÍGUEZ, Abril, “Una semblanza escrita por una nieta”. www.revistas.unc.edu.ar, Revista “Estudio” N° especial “Homenaje a Toto Schmucler”, 12 de mayo de 2020.

PAPALINI, Vanina, “La búsqueda de la armonía”. www.revistas.unc.edu.ar, Revista “Estudio”, N° especial “Homenaje a Toto Schmucler”, 12 de mayo de 2020.

www.fcedu.uner.edu.ar, “Recordamos a Héctor “Toto” Schmucler, uno de los pioneros de los estudios de comunicación en Argentina”, LENARDUZZI, Víctor: “Despedida a Toto”, 20 de dic. de 2019.

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