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La huella de Ramón Carrillo en Hasenkamp

Con la aparición de la pandemia del Coronavirus, la salud pública ha tomado una significativa  importancia. En estos días surgió la noticia de la emisión de un supuesto nuevo billete de alta denominación que tendría el reconocimiento a las figuras de dos prestigiosos médicos. Esto trajo aparejado una sorpresiva cantidad de críticas a uno de ellos, el Dr. Ramón Carrillo, acusándolo de nazi.

¿El Dr. Carillo nazi? ¿El Negro Carrillo nazi? Un santiagueño que se titulaba a sí mismo “Negrocirujano” porque era, por línea materna, descendiente de quechuas y había sufrido en carne propia el sojuzgamiento de las clases dominantes blancas aparecía ahora como simpatizante de un movimiento político racista e imperialista. Un nazi, elitista, totalitario, antisemita y ario.

Su mejor amigo y colega fue el Dr. Salomón Chichilniskhy, un judío nacido en Ucrania y entrerriano por adopción, que llegó con su familia a la Argentina a principios del siglo XX en el marco del plan de colonización agrícola del Barón Mauricio Hirsch para judíos marginados de la Rusia zarista y se instaló en Ubajay, junto al río Uruguay. “La Gama” sería otra de esas colonias del plan del Barón Hirsch.

Salomón se recibió de médico en la Universidad Nacional del Litoral en Rosario y en 1937 atendió a Carrillo de una hipertensión y se convirtió en su amigo y posterior colaborador llegando a ocupar un importante cargo a su lado cuando Carrillo estuvo al frente del Ministerio de Salud.

Para 1942, con 36 años, Carrillo, ya era titular de la cátedra de Neurocirugía de la Facultad de Medicina y uno de los tres neurocirujanos más prestigiosos del mundo con importantes investigaciones y aportes de nuevas técnicas de diagnóstico neurológico. Pero abandonó la actividad privada, que podría haberlo hecho rico, para dedicarse a los pobres convirtiéndose en médico sanitarista.

Además, era jefe de Neurocirugía del Hospital Militar y se dice que allí conoció como paciente al coronel Juan Domingo Perón con quien compartía largas conversaciones y que fue quien lo convenció de colaborar en la planificación de la política sanitaria del país. Cuando en 1946 asume la presidencia, una insignificante Dirección Nacional se convierte en Secretaría de Salud Pública y luego, con la Reforma constitucional de 1949, es transformada en Ministerio, y a su frente, designado el Dr. Ramón Carrillo. “Mire Carrillo, me parece increíble que tengamos un Ministerio de Ganadería para cuidar a las vacas y que no haya un organismo de igual jerarquía para cuidar la salud de la gente” habrían sido las palabras de Perón cuando le ofreció el cargo.

Carrillo fundaría las bases de la medicina preventiva mediante un plan integral que ubicó a la Argentina a la vanguardia entre las naciones más avanzadas en el tema. En su “Teoría del Hospital” señala tres categorías médicas y sus respectivas equivalencias arquitectónicas: a) la medicina asistencial, a la que responde la arquitectura hospitalaria; b) La medicina sanitaria, servida por la ingeniería sanitaria; y c) La medicina social, a la que responde el Centro Sanitario, en palabras del autor: “Toma al hombre vertical, cuando todavía camina, mientras el hospital toma al hombre horizontal, cuando inevitablemente debe guardar cama”.

En esta nueva concepción surgen dos formas arquitectónicas que levantaría su Ministerio: El Centro Sanitario y la Ciudad Hospital.

El Centro Sanitario, distribuido en cada rincón del país, estaba integrado por un conjunto de consultorios polivalentes y un eficiente servicio social destinado a la captación de enfermos, el reconocimiento de sanos y los tratamientos ambulatorios. Mientras que la Ciudad Hospital estaba ubicada en las capitales de provincia o en ciudades importantes de una región como polos de alta complejidad.

En estos centros se estableció la gratuidad de la atención de los pacientes, los estudios, los tratamientos y la provisión de medicamentos.

Carrillo impulsó la creación la primera fábrica nacional de medicamentos y el apoyo económico a laboratorios nacionales con el fin de lograr el abastecimiento de remedios a bajo precio para que toda la población tuviera acceso a los remedios.

Creó un tren sanitario totalmente equipado para realizar análisis clínicos y radiografías y ofrecer asistencia médica y odontológica recorría el país durante cuatro meses al año llegando hasta los lugares más remotos, en muchos de los cuales nunca había estado un médico.

Se iniciaron campañas intensivas de vacunación y en pocos años se logró la erradicación del paludismo, la tifus y la brucelosis, combatir casi por completo la sífilis y la tuberculosis, disminuir el chagas y descender la mortalidad infantil a la mitad.

Pero ¿qué tiene que ver el Dr. Carrillo con Hasenkamp?

En primer lugar tenían la misma edad, ambos habían nacido en 1906. Desde su Ministerio, Carrillo, había gestionado la creación de más de 240 centros hospitalarios a lo largo del país y más de medio centenar de institutos de especialización, muchos de ellos, en colaboración con las provincias. En el caso de Entre Ríos las obras se llevaron a cabo durante la gobernación de Héctor Domingo Maya.

Durante esta gobernación se llevó a cabo la construcción de numerosos hospitales en la provincia, entre ellos el de Villa Hasenkamp, que comenzó su construcción en 1948 y abrió sus puertas a la atención al público el 13 de abril de 1950 bajo la Dirección del Dr. José Brage Villar.

Para realizar su obra, el Dr. Carrillo trabajaba en total articulación con Eva Perón y su Fundación con quien compartía una concepción social de la medicina que debía orientarse no solo hacia los “factores directos de la enfermedad –gérmenes, microbios– sino hacia los indirectos, la mala vivienda, la alimentación inadecuada y los salarios bajos”. Por ello, cuando se construían viviendas u hospitales para el pueblo, estos debían ser los mejores.

Así se involucró hasta en la arquitectura hospitalaria y eligió para sus construcciones el chalet californiano que respondía al Mission Style (Estilo Misionero) que fuera importado desde EEUU en la década de 1920 por la clase media y alta de Argentina.

Este estilo, que venía de la tradición hispanocriolla, se destaca por una construcción compacta con techos a dos aguas con tejas españolas, un remate de frontis curvo sobre la entrada principal con paredes blancas, galerías con arcadas, un jardín delantero y un pequeño muro de no más de medio metro de altura que lo separa de la calle.

Esto es lo que uno ve al observar la fachada del Hospital de Hasenkamp. A las tejas se las llevó una reforma en 1987 que cambió el techo por chapas de zinc y otras ampliaciones fueron cambiando otros aspectos de su figura original.

Este estilo de construcción tan característico de los primeros gobiernos peronistas, fue retomado en la década del 90 durante el gobierno de Jorge Pedro Busti en algunas construcciones educativas. Un ejemplo es el Jardín de Infantes “Semillitas” de 25 de Mayo y Dr. Elberg.

Pero aquel primer Ministerio de Salud Pública fundado por el Dr. Ramón Carrillo sería disuelto por el golpe de estado de la “Revolución Fusiladora” de 1955 con el dictador General Pedro Eugenio Aramburu. Con la relativa democracia de 1958, Arturo Frondizi retornó el Ministerio, pero la nueva dictadura de Juan Carlos Onganía volvería a disolverlo.

Con el regreso de la democracia del presidente Raúl Alfonsín reaparece el Ministerio de Salud y Acción Social hasta los años vertiginosos de inicios del 2000 en que se unifican funciones. Con la presidenta Cristina Fernández se desdoblan las funciones y se vuelve a crear el Ministerio de Salud recuperando su importancia nacional.

Luego, la gestión de Mauricio Macri vuelve a disolverlo degradándolo al rango de Secretaría hasta que el actual presidente Alberto Fernández lo restaura a su jerarquía inicial.

Antes del Hospital de Ramón Carrillo no existía la salud pública en Hasenkamp. La atención médica era privada a cargo de los doctores, José Brage Villar que había llegado en 1918 y del Dr. Julio Haedo, en 1926. La atención por lo general, era ambulante yendo los profesionales al domicilio de sus pacientes. Solo existió un dispensario atendido por el Dr. Haedo con dos hermanas de apellido Díaz que eran las encargadas de aplicar inyecciones y funcionaba en un caserón sobre la calle Sarmiento, frente al domicilio del Dr. Julio Haedo.

La casa estaba en los terrenos donde hoy se encuentra el Centro Cívico, pues justamente el antiguo y bello edificio del médico fue demolido para su construcción.

En ese caserón habito durante muchos años la familia de Julio Alverto Chiecher (con v corta según el Registro). “Chispa” Chiecher trabajaba con un camión que tenía en el frente del radiador la caricatura de “Afanancio”, un conocido personaje de historietas en aquella época. Pero esa es otra historia.

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