Patrimonio edilicio

La barraca

Márquez de Castiglioni fue un militar de carrera que había emigrado de Italia y fue amigo de Bartolomé Mitre. En 1865 ofrece sus servicios al gobierno argentino y muere combatiendo en la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay.

Uno de sus hijos, Bartolomé Castiglioni, que fuera nombrado así en honor a Mitre, se casa con una mujer de apellido Bogado y se instala en Entre Ríos, en General Paz cerca de Cerrito. Al pasar el tiempo uno de sus hijos se muda con una carnicería a la recientemente creada Villa Hasenkamp.

Por su parte, Jacinto Ferro era un barraquero de la ciudad de Villaguay que decide expandir su negocio y envía a su hijo del mismo nombre a establecer una barraca en Hasenkamp en el año 1924.

Este trae como empleado  a un joven de 17 años llamado Cesario Rodríguez y se establece en las calles Cuatro y Siete (3 de Febrero y 25 de Mayo, la esquina frente a lo Guito Estéfani).

Luego vendrían a trabajar con él sus hermanos, el “Rengo” Ferro, famoso DT del club Atlético, Ramiro que sería el primer farmacéutico con título del pueblo, y Miguel.

Al lado de la Barraca, sobre la calle Siete (actual 3 de Febrero) se encontraba la carnicería propiedad de José Castiglioni. Desde Gral. Paz, donde vivía con su padre, Paula, cada quince días andaba en sulky las casi cinco leguas para visitar a su hermano José y lavarle la ropa.

Los fondos de la carnicería, donde Paula lavaba la ropa de su hermano, daban a los fondos de la barraca donde el joven Cesario Rodríguez lavaba los cueros para quitarles la sal antes de ser enviados a Paraná.

Los jóvenes se conocieron, se enamoraron y al poco tiempo se casaron. Cesario aprendió a leer y a escribir enseñado por Paula. Compraron una propiedad sobre Bvard. Centenario (actual Andrade) perteneciente a los loteos Sacia.

Tiempo después, Cesario se asoció con Miguel, el menor de los Ferro, y pusieron su propia barraca. Para eso alquilaron un local perteneciente a Enrique Capurro en el Bvard. Ramírez, donde hoy funciona la Cooperativa 25 de Mayo.

En la barraca se acopiaban cueros, lanas, crines de caballo, colas de vaca, huesos y vidrios.  Los cueros de vacas y ovejas se compraban a las carnicerías y a los productores rurales. Mientras que los cazadores proveían todo tipo de cueros de animales como liebres, iguanas o zorros. Los animales cazados debían cuerearse por el lomo, pues el cuero de la panza era el más apreciado.

Los cueros eran tratados con sal en granos y se los apilaba hasta su venta en que se les sacaba la sal para trasladarlos.

Alrededor de 1948, Cesario Rodríguez le compra la otra mitad de la barraca a Miguel Ferro.

También compra a Gertrudis Hasenkamp de Ziegler una parcela de campo lindera al cementerio. Dona una parcela de este campo al cementerio donde se construyó el primer cuerpo de nichos.

La barraca de Rodríguez continuó funcionando y recibiendo los aportes de muchos gurises que juntábamos huesos y vidrios para conseguir algunas monedas.

En 1976 cerró definitivamente sus enormes portones.

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