Historia

“La Reina de la Canción” y la TV

En la primera noche de carnaval en febrero de 1972, por el corso de la calle Urquiza se presentó una carroza construida por un grupo de jóvenes que representaba a la canción emblema del programa Alta tensión, el musical más famoso en ese momento.

Era la televisión que surgía en el carnaval con disfraces y carrozas inspirados en programas o personajes que aparecían en los televisores que comenzaban a estar en la mayoría de los hogares y las parrillas de sus antenas a levantarse sobre los techos de la Villa.

Ya habían pasado más de veinte años desde aquel 17 de octubre de 1951 en que la televisión argentina había iniciado sus primeras transmisiones regulares en ese histórico “Día de la lealtad”.

Pero otro tanto tardaría en llegar a la Villa, durante años solo fueron comentarios escuchados en la radio, hojeados en las revistas o en el asombrado relato de algún conocido que había viajado a la Capital, pues las señales de los canales que iban apareciendo no tenían tan largo alcance.

En junio de 1960 el Poder Ejecutivo Nacional había autorizado a la Secretaría de Comunicaciones a llamar a concurso para la instalación de canales en la provincia de Santa Fe, aunque recién cuatro años después comenzaron sus transmisiones.

La primera ciudad fue Rosario con el Canal 5 y, al año siguiente, inició sus transmisiones el Canal 3. Pero la distancia de cobertura era muy cercana en esa época y ninguno de los dos llegaba con su señal hasta el pueblo.

Aunque en la ciudad de Santa Fe, la licitación había sido hecha en el mismo año, tardó otros cuatro en ser otorgada a la Televisora Santafecina SA presidida por Marcos Bobbio. Hubieron de pasar dos años más de preparación y construcción de la antena y los estudios, hasta que finalmente el domingo 13 de marzo de 1966 quedó inaugurado LT82 TV, Canal 13 Santa Fe de la Vera Cruz. Comenzó con transmisiones regulares que sí tenían llegada hasta el norte de la provincia y podían ser captadas por los vecinos de Hasenkamp.

Funcionaba como una repetidora del Canal 13 de Buenos Aires, controlado por la cadena CBS por lo que la mayoría de sus programas eran de esa televisora estadounidense. En la programación local se destacaba “Notitrece” conducido por el profesor Enrique Muttis a las 20.30 y “Estadio Trece” a cargo de Heriberto Osuna con todo el deporte.

Heriberto Osuna, Ricardo Porta y Carlos Larriera en «estadio 13» y «Notitrece» con Enrique Muttis

La transmisión se iniciaba con la señal de ajuste y una placa identificadora con la pintura de Antonio Alice “Los constituyentes del ‘53”. Además, el canal tenía como emblema a “El Garaycito”, un homenaje al conquistador y fundador Juan de Garay representado por un niño con botas, casco y espada que anunciaba el siguiente programa o informaba sobre el estado del tiempo. Había sido seleccionado por concurso y permaneció en el aire como distintivo hasta 1979.

Telepibe, emblema de Canal 13 de Buenos Aires y Garaycito en Santa Fe

La llegada de la señal de televisión a la Villa trajo los primeros aparatos receptores que pronto se multiplicaron trayendo las novedades de los personajes televisivos más populares.

Por lo cual no fue una novedad que en las noches de corso primero sobre la calle Sarmiento, entre 3 de Febrero y la actual Dr. Elberg, y más tarde sobre calle Urquiza, entre la Avenida y la calle Dr. Haedo, fuera cada vez más frecuente ver entre los disfraces sueltos, las murgas y las carrozas a personajes de la televisión. Era muy común ver indios y cowboys de series como “Cuero Crudo” o “Jim West” y enmascarados como “El Zorro” o personajes populares como la célebre “Doña Etelvina” (cuyo nombre completo era doña Etelvina Lapizlásuli Iturriberri, viuda de Menéndez Tareti) creada por el actor Jorge Luz y que una noche llegó a nuestro corso de la mano del recordado Juan José Bautista “Titi” Pasutti.

En ese inicio de la década del ’70 los canales de Buenos Aires competían con programas musicales para los jóvenes tratando de reiterar el enorme éxito que diez años antes había tenido el famoso Club del Clan que había arrasado con los índices de audiencia y llevado a la fama a artistas como Chico Navarro, Raúl Lavié, Violeta Rivas, Johnny Tedesco o Palito Ortega.

El primero fue Sótano Beat de Canal 13 que iba los viernes a las 20.30 y tenía como animadores a Fernando Dick (del dúo Bárbara y Dick), Charli LeRoy, Liliana Caldini y Leonardo Simons entre otros.

Luego, en 1970 vino Música en Libertad en el Canal 9 que en ese momento manejaba Alejandro Romay, el llamado “Zar de la televisión argentina” con el económico recurso de mostrar a un grupo de jóvenes bailando mientras alguno realizaba la mímica de un intérprete nacional o internacional.

En un comienzo se pasaba una grabación con fotografías del intérprete y alguien imitaba su actuación con un cierto esfumado de su figura. Un extenso elenco de más de cuarenta jóvenes acompañaba con bailes el tema musical y todos rotaban en cada programa.

Se emitía de lunes a viernes a las 18.30 con una hora de duración y era conducido por dos jóvenes locutores profesionales Marisabé Ramírez y Leonardo Simons que se había pasado del Canal 13.

Leonardo Simons y Maisabé conductores de «Música en Libertad»

El esquema inicial pronto cambió y, luego de una selección, quedaron estables diez chicas, “las Margaritas” y diez chicos “los Cactus”. Este elenco fijo aparecía en cámara doblando directamente a intérpretes nacionales y extranjeros e integrando un grupo de baile. El éxito del programa fue arrasador y, jóvenes desconocidos hasta entonces, se hicieron famosos de la noche a la mañana, varios emprendieron sus carreras de cantantes y algunos con gran notoriedad como Silvana Di Lorenzo o Raúl Padovani.

Sin embargo, este gran éxito televisivo no llegaba hasta la Villa porque pertenecía al Canal 9 cuya programación no retransmitía el canal santafesino que cubría esta zona.

El Canal 13 de Buenos Aires tenía en el aire el programa “Voltops” con el mismo esquema de música grabada, conjuntos en vivo y jóvenes bailando, pero sin tanto suceso.

Discos de CBS con Cris Morena, integrante del programa de TV, en algunas tapas.

El 17 de abril de 1971 salió al aire por primera vez “Alta Tensión” un nuevo programa conducido por Leo Rivas y Graciela Zito que comenzó a emitirse los sábados a las 13.00 antes de Pipo Mancera y sus Sábados Circulares.

Este programa musical repetía el formado de un grupo de jóvenes que bailaba los temas de moda dirigidos por un coreógrafo, muchas veces con grabaciones y en otras, junto a bandas o cantantes invitados al programa.

Luego de dos meses al aire, Fernando Bravo pasó a ser el nuevo conductor, y la producción a cargo de Teresa Alonso. Tuvo la particularidad de ser el primer ciclo en crear y presentar videoclips de las canciones y logró tanto éxito que pasó a una emisión diaria de lunes a viernes.

Fernando Bravo bautizó como «La barra macanuda» al grupo de chicas y chicos que se dedicaba a bailar e imponer moda junto a los músicos de la época.

Por allí pasaron cantantes como Tormenta, Donald, Charlie Leroy, Carlos Bisso o Rubén Mattos, integrante del propio elenco de bailarines. También conjuntos como Alma y Vida, Pintura Fresca, Safari o Los Náufragos, entre muchos otros.

También fue la posibilidad para que, a partir de integrar el cuerpo de baile, surgieran nuevos talentos como Susú Pecoraro (actriz), Mónica Jouvet (actriz), Willy Ruano (actor) y Susana Romero (Miss Argentina 1973, modelo y actriz).

El enorme éxito de estos programas no solo llevó a una repentina fama a un montón de jóvenes hasta ese momento desconocidos, sino que además comenzaron a imponer una vestimenta, cortes de pelo, lugares e incluso expresiones de lenguaje.

A partir de estos programas se expandió el uso del delineador, las pestañas postizas y el maquillaje abundante, el uso de la minifalda, los minishorts y las botas blancas, los pantalones con pata de elefante y el pelo largo también para los varones.

Los jóvenes bailarines promocionaban un estilo de ropa y sus marcas

Toda una gran moda importada que había llegado con el movimiento hippie, el rock and roll y los grandes movimientos sociales de la década anterior. Aquí surgió una supuesta grieta donde los rockeros, desalineados, barbudos y rebeldes, hacían música contra el sistema y despreciaban lo que llamaban “música complaciente” o “música comercial” pues consideraban que estaba hecha para entretener, no pensar y ganar dinero.

Frente a los rockeros, considerados inadaptados sociales que encarnaban “todo lo que estaba mal” los medios televisivos presentaban a los chicos y chicas “de bien”, de rasgos hegemónicos -con la inclusión de un joven negro- que no usaban barba y su ropa colorida como sus cabellos largos siempre estaban perfectamente arreglados y prolijos.

A su vez, gran parte del rock era marginal y perseguido, su lugar de expresión estaba reducido a sótanos o espacios apartados del gran público. Se lo consideraba dentro de la denominada “canción de protesta”, aunque esta era una expresión latinoamericana que incluía diversos rubros musicales y tenía como objetivo denunciar la situación política y social por lo que era prohibida por las dictaduras de turno.

Entre 1970 y 1971 el dictador, teniente general Juan Carlos Onganía, tuvo que “cederle” su lugar al dictador general Roberto Marcelo Levingston y este, después de unos pocos meses en la presidencia, fue derrocado por el dictador teniente general Alejandro Agustín Lanusse. Entre tanto se sucedía una brutal crisis económica, estallaba el “cordobazo” y otros movimientos de lucha social, con represión y censura en todos los niveles y acciones características de las dictaduras.

Para todo ello venía muy bien un grupo de jóvenes hegemónicos que le cantaban a la alegría de vivir, al amor y a la felicidad y que “sanamente” podían entretener al gran público.

Otro lógico agregado que trajeron fueron las producciones de discos que cada uno de los programas realizaba con sus artistas. Desde mediados de la década del sesenta, las grandes compañías discográficas estadounidenses RCA Víktor y CBS Columbia dominaban las ventas de discos y cassettes en la Argentina. Detrás de estas, con menor volumen, venían la inglesa EMI Odeón y el sello discográfico argentino Music Hall.

Como dueñas del negocio de la música, estas compañías controlaban los canales y los programas musicales que les servían de base para promover a los artistas de sus catálogos y promocionar el lanzamiento de sus discos.

Si bien cada programa lanzó sus propios discos, tanto simples como Long Play (larga duración), con tapas innovadoras en sus diseños, la gran novedad la trajo la compañía RCA Víktor que producía el programa Alta Tensión presentando los originales discos de colores que se diferenciaron de los clásicos vinilos negros.

A través del Canal 13 de Santa Fe, que era repetidora de los programas de su homónimo de Buenos Aires, los jóvenes hasenkampenses podían seguir el musical más visto de la televisión en ese momento y, además, comprar sus coloridos discos aquellos con posibilidad económica de hacerlo y que tenían un tocadiscos “Winco” para escucharlos.

En ese verano de 1972, Alta Tensión se emitía de lunes a sábado con una enorme audiencia y cada programa se abría con el grupo “La joven Guardia” que interpretaba uno de sus grandes éxitos: “La Reina de la Canción” que también era cortina del programa y, por lo tanto, conocida por todos.

El grupo «La joven Guardia» y la canción que daba inicio al programa

De allí surgió la idea para ese carnaval de representar el tema en el corso. Sobre un acoplado que les prestó Vicente “Tito” Cángeri armaron lo que intentaba ser la representación de un estudio de televisión con los bailarines del programa. Vestidos a la moda del momento, un grupo de cuatro chicas y nueve varones de los que uno oficiaba de presentador y el resto repetía las coreografías del programa.

Sobre un tanque de fibrocemento, de los que se usaban para depósito de agua en los techos de las viviendas, dado vuelta y recubierto con unas telas bailaba una muy joven Lucy Pasutti. Detrás había diez Long Play cuidadosamente sujetados con un clavo por el orificio del centro que completaban la escenografía. Estos discos habían sido provistos por Horacio “Talo” Maín que, a su vez, los había conseguido de la colección de su hermana que en esos días se encontraba de viaje.

Así se presentaron en aquella primera noche de carnaval con su carroza llamada “La reina de la canción” desplegando todo su entusiasmo juvenil.

El primer contratiempo en aquel debut se dio cuando la joven que bailaba sobre el tanque, quien dentro de unos años sería reina de la comparsa Marumbá, al desplegar su danza, el fondo cedió y la “Reina” terminó dentro del mismo.

Pero las dificultades no terminarían allí. La primera noche de corsos se extendió hasta altas horas y, al terminar, la carroza fue llevada hasta el patio de la casa de Talo Maín. Su padre era el gerente de la sucursal del Banco Entre Ríos y su casa familiar se encontraba junto al banco con una entrada de vehículos que daba a un amplio patio. Allí dejaron su carroza y partieron apurados a festejar su participación en los corsos en el gran baile del Club Juventud Sarmiento.

Muy tarde, al día siguiente, se percataron de que nadie había tenido en cuenta al sol de febrero. Con el duro calor del verano, los Long Play se retorcían aún colgados en sus clavos. “Parecían capelinas” dirá Chiche Aquino uno de los participantes, al evocar la historia. Lo que no recordaba bien era cómo había logrado el Talo explicárselo a su hermana cuando regresó de su viaje.

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